martes, 8 de abril de 2014
CUENTOS PARA PENSAR (7)
martes, 19 de marzo de 2013
CUENTOS PARA PENSAR (6)
El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el capullo, hasta que llego un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. Pareció que se había atascado.
Entonces el hombre,
en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al
lado del orificio del capullo para hacerlo más grande y así fue que por fin la
mariposa pudo salir.Sin embargo al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.
El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas... Nunca pudo llegar a volar.
Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.
La libertad y el poder volar, solamente llegará después de luchar. Al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privada su salud y libertad.
domingo, 9 de diciembre de 2012
CUENTOS PARA PENSAR (5)
La rana y el escorpión
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Cuenta un relato popular africano que en las orillas del
río Níger, vivía una rana muy generosa.
Cuando llegaba la época de las lluvias ella ayudaba a todos los animales
que se encontraban en problemas ante la crecida del río.Cruzaba sobre su espalda a los ratones, e incluso a alguna nutritiva mosca a la que se le mojaban las alas impidiéndole volar. Pues su generosidad y nobleza no le permitían aprovecharse de ellas en circunstancias tan desiguales. También vivía por allí un escorpión, que cierto día le suplicó a la rana: "Deseo atravesar el río, pero no estoy preparado para nadar. Por favor, hermana rana, llévame a la otra orilla sobre tu espalda". La rana, que había aprendido mucho durante su larga vida llena de privaciones y desencantos, respondió enseguida: "¿Que te lleve sobre mi espalda? ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco lo suficiente para saber que si estoy cerca de ti, me inyectarás un veneno letal y moriré!" El escorpión le replicó: "No digas estupideces. Ten por seguro que no te picaré. Porque si así lo hiciera, tú te hundirías en las aguas y yo, que no sé nadar, perecería ahogado." La rana se negó al principio, pero la incuestionable lógica del escorpión fueron convenciéndola... y finalmente aceptó. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda, donde él se agarró, y comenzaron la travesía del río Níger. Todo iba bien. La rana nadaba con soltura a pesar de sostener sobre su espalda al escorpión. Poco a poco fue perdiendo el miedo a aquel animal que llevaba sobre su espalda. Llegaron a mitad del río. Atrás había quedado una orilla. Frente a ellos se divisaba la orilla a la que debían llegar. La rana, hábilmente sorteó un remolino... Fue aquí, y de repente, cuando el escorpión picó a la rana. Ella sintió un dolor agudo y percibió cómo el veneno se extendía por todo su cuerpo. Comenzaron a fallarle las fuerzas y su vista se nubló. Mientras se ahogaba, le quedaron fuerzas para gritarle al escorpión: "¡Lo sabía!. Pero... ¿Por qué lo has hecho?" El escorpión respondió: "No puedo evitarlo. Es mi naturaleza". Y juntos desaparecieron en medio del remolino mientras se ahogaban en las profundas aguas del río Níger. ¿Qué podemos aprender de esta historia? ¿Cual es la gente "escorpión"?
Porque los escorpiones terminarán siempre solos, o rodeados de escorpiones o de otros animales rastreros y ponzoñosos. Las ranas podrán encontrarse con escorpiones, pero también con otras ranas, y cuando las ranas se encuentran, existe la felicidad. Aléjate de la gente ponzoñosa cuya "naturaleza" es estar escupiendo veneno y cuyas malas intenciones te pueden afectar, e incluso, no te dejarán vivir. Y algo muy importante: Los animales en la vida real no pueden decidir, por lo que actúan conforme a lo que su naturaleza les dicta. Pero nosotros los humanos tenemos libertad, y con esa libertad podemos decidir la moral con la que actuamos. Cada quien decide si se rige por la moral de la rana o por la moral del escorpión; tú puedes escoger en que te conviertes y como terminará tu vida. |
martes, 26 de julio de 2011
CUENTOS PARA PENSAR (4)
LAS 3 PREGUNTAS:
El joven discípulo de un Maestro sabio lo visita y le dice:
- Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con maldad.
- ¡Espera! lo interrumpe el Maestro ¿Ya hiciste pasar por las tres preguntas
lo que vas a contarme?
- ¿Las tres preguntas?
- Si. La primera es la VERDAD. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
- No. Lo oí comentar a unos vecinos.
- Al menos lo habrás hecho pasar por le segunda pregunta, que es la BONDAD. ¿Es bueno para alguien lo que me vas a decir?
- No. en realidad no. Al contrario...
- La última pregunta es la NECESIDAD ¿Es necesario hacerme saber lo que tanto te inquieta?
- A decir verdad, no.
- Entonces, dijo el sabio sonriendo, si no es VERDADERO, ni BUENO, ni NECESARIO, sepultémoslo en el olvido.
jueves, 6 de enero de 2011
CUENTOS PARA PENSAR (3)
La Ley del Equilibrio
Un alumno, decidió aprender Kung-Fu que le parecía ser un temible método de combate. Comenzó pues a seguir las clases con un renombrado Maestro.
Pero cual fue su sorpresa que al cabo de la tercera clase aún no había aprendido ninguna técnica de combate. Solamente había practicado movimientos lentos. Al finalizar la clase decidió ir a ver al Maestro.
- Maestro! Desde que estoy aquí no he echo nada que se parezca a ejercicios de lucha.
- Le ruego que se siente! Declaró el Maestro
El alumno se sentó negligentemente sobre el tatami. El Maestro se sentó frente a él.
- ¿Cuándo empezará usted a enseñarme Kung-Fu?
El Maestro sonrió y preguntó: ¿Está usted bien sentado?
- No se… ¿hay una buena manera de sentarse?
El Maestro indicó con la mano la manera en la que él estaba sentado, con la espalda bien derecha, la cabeza en la prolongación de la columna vertebral.
- Pero oiga! Respondió el alumno, no he venido aquí para aprender a sentarme.
- Lo sé! Dijo pacientemente el Maestro, lo sé. Usted quiere aprender a luchar. Pero, ¿cómo puede luchar si no busca el equilibrio?
- Realmente no veo la relación entre el hecho de sentarme y el combate.
- Si usted no puede estar en equilibrio cuando está sentado, es decir, en la actitud mas simple, ¿cómo quiere usted guardar el equilibrio en todas las circunstancias de la vida, y sobre todo en un combate?
En ese momento acercándose a su alumno, aún perplejo, el Maestro le empujó ligeramente. El alumno cayó de espaldas. El Maestro siempre sentado, le pidió entonces que intentara hacer lo mismo con él. El alumno empujó primero con timidez con una mano, después empujó con las dos y finalmente con el vigor de todo el cuerpo…sin conseguir nada. De repente el Maestro se echó ligeramente a un lado y el alumno cayó a todo lo largo hacia delante sobre el tatami.
El Maestro sonrió y dijo:
- Espero que comience usted a comprender la importancia del equilibrio.
lunes, 13 de diciembre de 2010
CUENTOS PARA PENSAR (2)
El Sifu colgó un balón en la esquina del gimnasio para que los alumnos pudieran practicar sus reflejos con un blanco móvil. Un alumno danzó alrededor y esquivándolo de varias maneras lo evitó con frecuencia. Sin embargo, no pudo evitar chocar y rebotar contra las paredes, por lo que murmuró: “Éste sitio es demasiado pequeño. Necesitamos un lugar más grande donde entrenar”.
Tras escuchar su queja y al día siguiente, el Sifu colgó en la otra esquina del gimnasio un saco de golpeo, de modo que sus alumnos pudieran practicar golpes a un blanco fijo. Otro alumno corrió y pateó el saco saltando en círculos para que por su peso girase desde su gancho. “Necesito más espacio para tomar mas impulso, pues es muy difícil moverle”.
Al día siguiente, el Sifu colgó otro saco en la esquina de enfrente. “Éste lugar ha resultado ser muy caluroso, con todos éstos trotes y rebotes. Nos encontramos demasiado cerca unos de otros y necesitamos más espacio”, se quejó un alumno.
Después del fin de semana los alumnos regresaron al gimnasio y se encontraron con sorpresa que había una nevera llena de botellas de agua mineral y zumos. Aunque tuvieron que abrir la puerta con cuidado cuando alguien corría cerca, la mayoría de los alumnos lograron tomar su bebida fría. Un nuevo alumno se quejó diciendo: “! Cada vez que trato de beber, alguien me golpea el codo y ni siquiera hay sitio para sentarse!”
Durante los días siguientes el gimnasio se llenó de sillas y más sillas, algunas de ellas plegadas contra la pared y otras con cómodos almohadones para poder sentarse. Ahora si, cada uno de los alumnos, pudo sentarse, pero tan solo lograron observar como ocasionalmente unos pocos entrenaban sus técnicas en los sacos. Mientras tanto, un antiguo alumno dijo:”Deseo mas espacio para practicar formas”.
Al día siguiente, el Sifu pidió a todos los alumnos que recogiesen el balón, los sacos, la nevera y las sillas y lo llevaran todo fuera del gimnasio, dejando todo en orden en el pasillo. De repente, el gimnasio resultó estar vacío y lleno de posibilidades. “! Ahora si que hay mucho espacio aquí!”, dijeron felizmente los alumnos. “Nunca me había dado cuenta de éste gran espacio para poder entrenar que por suerte nos a dado el Sifu. Sin duda, aquí podremos practicar cómodamente.”
El Sifu simplemente observó y tranquilamente bebió un trago de agua.
martes, 26 de octubre de 2010
CUENTOS PARA PENSAR
NO SIEMPRE CONSEGUIRÁS LO QUE DESEAS
El siguiente dialogo podría suceder en cualquier momento:
Un alumno esperanzado pregunta al maestro: ¿Cuándo
conseguiré mi cinturón negro? El maestro mira al estudiante directamente a los ojos y responde: 5 años.
Oh! por Dios! Replica con sorpresa el alumno. Ese es un largo periodo de tiempo.
Pero si practico con el doble de intensidad, ¿Cuánto me llevara?
10 años, es la pronta respuesta del maestro.
Pero usted no entiende, dice el alumno. Voy a practicar mas duro que cualquier otra persona y seré el mejor en todo. También haré todas las cosas mucho mas rápido, ya lo verá.
El maestro que ya a escuchado expresiones come estas en mas de una ocasión, sacude lentamente la cabeza y explica: En tal caso 20 años, o quizás nunca.
Al ver la expresión de decepción en la cara del alumno el maestro añade: Tu cabeza esta demasiado llena de lo que tú crees ser para el Kung-Fu, sin considerar lo que el Kung-Fu será para ti. Vacía tu mente y tu espíritu para dejar que el aprendizaje fluya y, como una corriente, deja que siga su propio curso.
El alumno tiene entonces una pregunta más: Durante cuanto tiempo podré estudiar Kung-Fu?
Hasta que mueras, dice el maestro con una sonrisa

